El misterio de la máquina Antikitera

Un equipo internacional ha desentrañado los secretos de una "pc" de 2.000 años de antigüedad que podría transformar nuestra percepción del mundo antiguo.
Mike Edmunds y Tony Freeth, de la Universidad de Cardiff, dirigieron el equipo que cree haber desentrañado finalmente el funcionamiento del Mecanismo de Antikitera (Antiquitera), una calculadora astronómica, semejante a un reloj, datada en el siglo II aC.

Los restos de una caja rota de madera y bronce albergando más de 30 engranajes, fueron encontrados hace casi cien años por buzos que exploraban un naufragio frente a la isla de Antikitera. Los científicos han estado intentando reconstruirlo desde entonces.

La nueva investigación sugiere que es mucho más sofisticado de lo que cualquiera había supuesto previamente.
El trabajo detallado realizado sobre los engranajes muestra que el mecanismo era capaz de seguir los movimientos astronómicos con notable precisión. La calculadora pudo reproducir los movimientos de la Luna y del Sol a través del Zodíaco, predecir eclipses, e incluso, recrear la órbita irregular de la luna. El equipo cree que también pudo haber predicho las posiciones de algunos planetas o incluso de todos los conocidos en la época.

Los resultados sugieren que la tecnología griega fue mucho más avanzada que lo estimado previamente. No se conoce ninguna otra civilización que haya creado algo tan complicado durante al menos los siguientes mil años.
El profesor Edmunds recalca la fascinación que la máquina ha ejercido sobre los científicos modernos. "Este dispositivo simplemente es extraordinario. Es algo único en su género. El diseño es estupendo, sus cálculos astronómicos son de una precisión admirable. La manera en que fue diseñada la mecánica nos deja atónitos. Quienquiera que haya hecho esto, lo hizo sumamente bien".


El equipo estuvo integrado por investigadores de la Universidad de Cardiff, el Museo Arqueológico Nacional de Atenas y las Universidades de Atenas y Tesalónica.
El mecanismo consta de unas 80 piezas y se encuentra guardado en condiciones controladas con extremo cuidado en Atenas, no pudiendo ser tocado. Recrear su funcionamiento fue un proceso difícil, e involucró a astrónomos, matemáticos, expertos en computación, analistas de escritura y expertos en conservación.
Los investigadores esperan ahora crear un modelo por ordenador del funcionamiento de la máquina, y con el tiempo, desarrollar una réplica funcional. Todavía no está claro para qué utilizaban el mecanismo los antiguos griegos, o cuán extendida estaba esa tecnología.
"Surge la pregunta inevitable de qué más estarían haciendo en esa época. Por lo que se refiere a su valor histórico y a su carácter único, yo tengo que considerar este mecanismo como más valioso que la Mona Lisa", declara Edmunds.
Stephen RouseGran Bretaña

La Máquina de Antikitera
Año 80 A.C? Una galera naufraga en el mar Egeo, frente a la isla de Antikitera, entre el abrupto bosque de peñascos que emergen allí. En su interior hay estatuas de mármol y bronce; ánforas y jarrones; piezas de oro y plata? El tesoro no sería recuperado hasta el año 1900. Ni entonces ni ahora pudo calcularse el valor arqueológico de los restos. Es sencillamente ilimitado. Pero entre tanto legado clásico, entre tanto tesoro de la antigüedad, en suma, entre tantas piezas riquísimas, un pequeño objeto que apenas destacaba entonces es hoy el más importante de todos ellos.

Nadie quiso prestarle atención?¡Era insignificante! Y es que, al fin y al cabo, no parecía más que una piedra calcárea en medie de preciadas joyas. Pero aquella simple piedra se ha convertido en uno de los fetiches más valorados del Museo Arqueológico de Atenas. Bajo la vitrina que lo exhibe, podemos leer una sugerente leyenda: ?la máquina de Antikitera?. Y, claro, hablar de máquinas de hace dos mil años es, en teoría, una osadía sin sentido, pero este caso, como va a comprobar el lector, es especial.
Hasta 1955 nadie quiso darse cuenta de que la pieza podía albergar un secreto que había esquivado el paso de diecinueve siglos sumergidos en aguas del Mediterráneo. El responsable de ofrecernos la verdadera dimensión del enigma fue un arqueólogo llamado Dereck de Solla Price. Limpió el objeto, le extrajo las impurezas atrapadas por la agresiva acción del mar en el seno del Egeo y, sin siquiera imaginarlo, se econtró con lo que hoy es, sin ningún género de dudas, el mecanismo de relojería y astronómico más complejo de la antigüedad.

La máquina apenas tiene una longitud de unos pocos cms., aunque sus detalles están trabajados como si el antiquísimo relojero hubiera dispuesto de una lupa de mil aumentos(y que se sepa, la lupa no se había inventado). Cuenta con una rueda dentada principal de 240 dientes, y otras cuarenta que como un rompecabezas engarzan entre sí. Todo el conjunto está unido sobre nueve escalas móviles y tres ejes. Y lo más inquietante, sorprendente y enigmático: la máquina ha sido troquelada sobre una única placa de bronce de dos milímetros de espesor.
Los expertos han concluido que el artilugio es un reloj mecánico, astronómicamente perfecto y extraordinariamente preciso. Que no se obvie el siguiente dato: hasta el siglo XX no ha podido obtenerse una máquina similar, pero alguien, en tiempos de Jesús, ya había desarrollado una tecnología lo suficientemente avanzada como para lograrlo.

La conocida publicación científica Scientific American lo dijo en su momento: "Este hallazgo nos obliga a revisar nuestros conocimientos sobre la historia de la ciencia."
"Los desplazamientos del Sol y la Luna; los de Venus y los de Marte; las horas del día y la noche; las fases lunares; el comienzo de las estaciones" Todo esto, y mucho más, ofrecía esta sorprendente máquina gracias a su mecanismo. A muchos científicos les cuesta aceptar que en aquellos tiempos hubiera hombres capaces de calcular todos estos movimientos. Sin embargo, el enigma de Antikitera les deja en evidencia. Por ello, aún no se han enfrentado en condiciones al reto que plantea.
Este artefacto está calificado por los expertos como un OOPART, acrónimo anglosajón que significa "Objeto fuera de su tiempo". De este modo se denominan aquellos restos arqueológicos que, por la tecnología empleada en confeccionarlos o por los conocimientos que de ellos se derivan, no encajan con la fecha en la que han sido datados.

La máquina de Antikitera es un ejemplo perfecto que viene a quebrar una "verdad" impuesta: hace dos mil años no existía la tecnología para confeccionarlo y aún no se habían alcanzado los conocimientos astronómicos que se derivan de su perfección a la hora de calcular movimientos de astros. Pero la historia - y menos la que se impone a golpe de "verdad científica"- no siempre sabe de lógica.
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