El “disco duro” del millón de años



Dejar un mensaje destinado a futuras generaciones tiene múltiples desafíos. Aunque puede parecer poético crear algo relativamente sencillo como una cápsula del tiempo, la idea general no sólo es transmitir el mensaje, sino que pueda permanecer intacto el tiempo suficiente. Estamos haciendo muchas cosas en la actualidad, y no todas ellas son buenas, como enterrar desperdicios nucleares en entornos contenidos. Con la idea de dejar una advertencia sobre la clase de material que hay en esos depósitos, se ha presetado lo que parece una solución viable: Un disco hecho de zafiro, capaz de durar un millón de años como mínimo.



¿Tienes viejos diskettes a la mano todavía? ¿Has intentado leer qué hay en ellos? Lo más probable es que varios exhiban problemas de lectura. Incluso los cassettes de audio y los VHS pueden presentar inconvenientes por más adecuado que haya sido su almacenamiento. Los discos ópticos tampoco han sido creados para ser eternos. En resumen, todo aquello que sea derivado de la óptica, las bandas magnéticas y la mecánica tiene una duración corta, o al menos, corta en relación con lo que podría ser un mensaje y/o almacenamiento de datos a largo plazo, en el orden del millón de años. ¿Por qué dejar un mensaje destinado a un futuro tan lejano? No sólo se trata de una cuestión de legados o la simple “transmisión” del conocimiento, sino que también hay varias advertencias para hacer. Una de ellas se enfoca sobre los desperdicios nucleares. Si bien la radiactividad disminuye con el paso del tiempo, algunos isótopos requieren varios millones de años para eso. La “solución” por así decirlo ha sido enterrar a estos desperdicios en lugares seguros, y advertir de su contenido a futuras generaciones.

Varios países están reconsiderando su política nuclear, pero la administración de desperdicios plantea desafíos constantes. Advertir de ellos a largo plazo es la misión del disco de zafiro.
Varios países están reconsiderando su política nuclear, pero la administración de desperdicios plantea desafíos constantes. Advertir de ellos a largo plazo es la misión del disco de zafiro.

Hace pocos días, Patrick Charton de la agencia ANDRA dedicada a la administración de desperdicio nuclear, ha presentado lo que podría ser un método de advertencia a muy largo plazo: Un disco de zafiro. El medio está formado por dos discos de zafiro muy delgados, y unidos entre sí a nivel molecular. Tiene un diámetro cercano a los veinte centímetros, y en uno de sus lados se pueden grabar en platino (un elemento con isótopos extremadamente estables) tanto imágenes como texto. Cualquiera que desee explorar el contenido del disco sólo necesitará de algo similar a un microscopio convencional. Con un costo de 25 mil euros (al menos en el caso del prototipo), el disco de zafiro fue sometido a condiciones extremas como baños de ácido para simular deterioro y envejecimiento. De acuerdo a Charton, el disco podría tener una duración máxima en el orden de los diez millones de años.

Lo más irónico en todo esto es que, si bien el medio resulta adecuado, el problema es qué se va a grabar en él. Dicho de otra forma: No tienen la menor idea de qué lenguaje usar. Asumir que algunos de los idiomas modernos será hablado dentro de un millón de años es una verdadera locura. Imagina por un momento la cantidad de lenguas y dialectos que se han perdido, con el paso del tiempo como principal responsable. Nuestra capacidad de comunicación, al igual que muchas otras cosas, es extremadamente frágil, y puede que en un millón de años, arqueólogos y expertos (que pueden o no ser humanos) tengan dificultades interpretando información. El disco de zafiro es apenas una de tantas soluciones que se está considerando, y aunque me gustaría pensar en una especie humana brillante y súper-avanzada en un millón de años, la verdad es que no hay garantías de nada.


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