Así podría ser la nave que lleve al hombre a Marte

La última frontera sigue siendo el espacio, como muy bien pronosticó Gene Roddenberry en su obra “Star Trek”. Y aunque tímidamente hemos comenzado a mojarnos los pies en las aguas de ese mar, por acudir a la metáfora con la que Carl Sagan comparaba la exploración espacial, haber llegado a la Luna es poco más que haber hecho un barquito y haber logrado flotar sobre él hasta donde rompen las olas. La prueba real llegará cuando el hombre llegue a Marte y tal y como se muestra estos días en el Quinto Simposio Memorial Wernher Von Braun en Huntsville (Alabama, USA) la nave que podría conseguirlo puede parecerse mucho a esta que os mostramos.

Paul Bookout, ingeniero jefe de la NASA, se refiere al proyecto que van montando sin hacer mucho ruido en algún hangar sin identificar del Centro Espacial Marshall.

Allí, a base de piezas recuperadas de diversos proyectos, incluyendo la Estación Espacial Internacional, la ISS, se está conformando el prototipo de lo que un día será el hábitat de la primera misión humana tripulada a Marte. Un largo cilindro de aluminio con tres partes bien diferenciadas: el módulo de propulsión, el módulo de aterrizaje y el habitáculo principal.

Por el momento, se trabajando de manera conjunta con un equipo del Centro Espacial Johnson comandado por Benjamin Alvin Dew, coronel de las Fuerzas Aéreas y astronauta que ya ha viajado dos veces al espacio en el transbordador espacial Discovery. El propósito inicial es valorar los volúmenes necesarios para una misión de este tipo, el espacio que necesitarían los tripulantes y la equipación necesaria tanto para su mantenimiento durante la duración de los viajes de ida y vuelta así como los experimentos que llevarían a bordo.

Si para enviar a tres hombres a un viaje de tres días hizo falta todo el esfuerzo que condujo al alunizaje del Apolo XI en el Mar de la Tranquilidad, para enviar una tripulación presumiblemente más numerosa y necesariamente durante más tiempo (la ventana mínima de lanzamiento incluye un viaje de 6 meses para cubrir un solo trayecto) la cosa definitivamente se complica y es necesario cuantificar al milímetro el espacio necesario.

Algo tan simple como la despensa, las maquinarias requeridas para hacer ejercicio y no perder tono muscular en la ingravidez del espacio para estar en forma al llegar a Marte o el cuarto de aseo se complica cuando estás en mitad del espacio, a varios meses de distancia del planeta Tierra y, a diferencia de los habitantes de la ISS, sin posibilidad en caso de emergencia de regresar a casa a bordo de un módulo de salvamento.

Se está trabajando en módulos que duplicarían el tamaño de la parte habitable de la Estación Espacial Internacional así como una especie de invernadero (inevitable acordarse de la película “Silent running“) en el que los primeros seres humanos en pisar Marte podrían cultivar sus propias frutas y verduras.

Un par de curiosidades en las que se está trabajando tiene que ver con el aislamiento y la fabricación de objetos a bordo. Lo primero se conseguiría con una estructura que contendría un depósito rodeando la nave con una capa de agua, que constituye un eficaz aislante contra la radiación cósmica. Lo segundo gracias a una impresora 3D que empleando diversas materias primas (incluyendo material de desecho) sería capaz de imprimir objetos tridimensionales para sustituir piezas deterioradas o simplemente crear otras nuevas según las necesidades que surgieran


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