Asteroides - La verdadera amenaza extraterrestre

No es extraño ver cómo algunos juegos, libros y películas se convierten en la antesala de eventos que ocurren en el futuro o están a punto de suceder. Me refiero por ejemplo al juego de Steve Jackson “Illuminati”, de 1995, que vaticinaba los ataques del 11 de septiembre en algunas de sus cartas; al libro “De la Tierra a la Luna”, escrito por Julio Verne en 1865; y a la película “Armagedón”, protagonizada por Bruce Willis en 1998 y cuyo argumento giraba en torno a un asteroide que se dirigía a la Tierra, entre otros muchos casos.

Hasta hace muy pocos meses la posibilidad de que un asteroide o meteorito impactara la superficie de la Tierra poniendo en riesgo la integridad de todos o de algunos de sus habitantes era remota.

 

Sin embargo, es importante destacar que a finales del año 2010 la organización wikileaks, encabezada por Julian Assange, dio a conocer de manera cuestionable más de quinientos mil documentos confidenciales de carácter diplomático, enviados a Washington desde las diferentes embajadas de los Estados Unidos alrededor del mundo.

 

Uno de esos cables fechado el 5 de junio de 2008 (clic para ver), enviado desde la embajada de los Estados Unidos en Rusia, menciona la viabilidad de una misión conjunta a Marte con este país. Además, los oficiales rusos compartieron con el congresista norteamericano Dana Rohrabacher la necesidad de establecer un acuerdo de trabajo conjunto para el rastreo, detección y desvío de Objetos Cercanos a la Tierra (NEO's) tales como meteoritos, asteroides y cometas.

 

Lo más interesante y a la vez preocupante de este cable es el comentario de Vitaliy Lopota, de la principal fábrica de cohetes rusos, en el que destacaba la importancia de este asunto por el potencial daño que un objeto así podría producir a la Tierra y el riesgo al que estamos expuestos, mencionando además en sus palabras “el reciente asteroide que pasó sin ser detectado entre la Luna y la Tierra…”.  De este asteroide nunca tuvimos noticia porque a los gobiernos de ambos países no les convenía dejarle saber al mundo lo vulnerables y poco preparados que estamos ante un evento de estas características.

 

El acontecimiento que ha roto el hermetismo de la NASA y la ha forzado a aceptar públicamente la preocupación de los rusos desde el 2008, es el pequeño asteroide de entre 17 y 20 metros de ancho que entró en la atmósfera de la Tierra sobre territorio ruso el 15 de febrero de este año,  dejando un saldo aproximado de 1.200 personas heridas y cuantiosos daños materiales.
Para tener una idea más clara, este pequeño asteroide contaba con una energía cinética antes de impactar con la atmósfera terrestre equivalente a 440 kilotones de TNT, entre veinte y treinta veces más energía que la que fue liberada por las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.
El meteorito de Rusia es el objeto más grande conocido que ha entrado en la atmósfera terrestre desde el evento de Tunguska en 1908, además del único confirmado que ha causado un gran número de heridos. Este objeto no fue detectado antes de su entrada en la atmósfera.

 

El 20 de marzo de este año, ante una comisión del congreso norteamericano, se presentaron varios científicos espaciales, entre ellos John Holdren, asesor principal del presidente Barack Obama en temas de ciencia y tecnología, y Charles Bolden, actual administrador de la NASA, para confirmar a los legisladores que los Estados Unidos no está preparado para defenderse de meteoritos de tamaño similar al que impactó en Rusia en febrero pasado.
“Venía del Sol, de la dirección en la que nuestros telescopios no podían mirar”, declaró Holdren, asesor de la Casa Blanca.
El congresista Bill Posey de la Florida formuló la siguiente pregunta:
"Si se detecta un meteorito pequeño como el de Rusia rumbo a Nueva York en tres semanas, ¿qué haríamos?"
“Rezar",  contestó Charles Bolden, administrador de la NASA.
Los científicos, sin embargo, mantienen haber identificado todos los asteroides lo suficientemente grandes como para acabar con todo el planeta (asteroides similares a los sospechosos de haber matado a todos los dinosaurios) y no hay riesgo inmediato. Lo que más preocupa son los meteoritos pequeños pero lo suficientemente grandes como para arrasar una ciudad. Estos meteoritos reciben el nombre de “City killers” en inglés.  
A pesar de que la probabilidad de impacto es muy baja, el número potencial de estos “asesinos de ciudades” sin detectar es muy grande (en el rango de los diez mil), declaró Holdren. Y con la financiación actual de la NASA se necesitarían veinte años para identificarlos a todos.

 

Los científicos están convencidos de que hay razones para preocuparse y lo que pasó en Rusia es un campanazo de alerta.


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