LA CIENCIA DE LAS LÁGRIMAS

Las lágrimas, ese elemento tan afín a la intimidad y la expresión de sentimientos humanos, se ha develado en estas últimas semanas como un detonador de interesantes novedades científicas; por un lado, como inspirador para la elaboración de un material ultra adaptable, por otro, para un experimento acerca de la posibilidad de llorar en el espacio

Respecto de lo primero, un grupo de investigadores de Harvard ha anunciado el desarrollo de un material capaz de ajustarse dinámicamente a distintas temperaturas, a la luz, los campos magnéticos, la presión, humedad y otras condiciones del ambiente. Para lograrlo, según explica el artículo publicado por la revista Nature Materials, los científicos se inspiraron en las lágrimas, ya que estas se unen y forman una película líquida que mantiene la claridad y humedad de los ojos y los protege del polvo y las bacterias. En segundo término, se ha difundido un video en el que el astronauta canadiense Chris Hartfield muestra, desde la Estación Espacial, cómo es llorar en el espacio. El video muestra que es posible llorar aún en las condiciones de gravedad de una nave espacial, pero que el resultado no es el mismo que en la Tierra: las lágrimas, en lugar de caer rodando por el rostro, se acumulan entre los párpados.


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