A esta mosca no le ha sentado bien volver del espacio

Una de las primeras cosas que descubrieron los científicos desde los inicios de la carrera espacial es que salir de nuestro planeta debilita nuestro sistema inmune. Los cambios en la presión y la gravedad no solo alteran la respuesta de nuestras defensas, sino que algunos microorganismos que son inocuos en la Tierra pueden volverse más virulentos. Conocer exactamente qué genes se activan y desactivan en determinadas condiciones es vital para el futuro de la exploración espacial, y los primeros avances se están obteniendo de los estudios con insectos.

La mosca de la imagen que encabeza este artículo es uno de los muchos ejemplares de Drosophila  melanogaster que viajaron en forma de huevo hace unos años con el trasbordador Discovery y eclosionaron en el espacio. Al regresar, el equipo de Deborah A.

 

Kimbrell comenzó un experimento para comprobar cómo había afectado esta estancia en el espacio a estas moscas. A un grupo se les expuso a los efectos de la bacteria E. coli y a otro a los efectos de un hongo llamado Beauveria bassiana. Lo que comprobaron los científicos fue que las moscas que habían viajado al espacio, a diferencia del grupo de control de moscas criadas con el mismo genoma en la Tierra, seguían siendo igual de resistentes a la bacteria, pero se volvían, en cambio, más vulnerables al ataque del hongo.

 

La mosca que nos ocupa hoy está cubierta de una especie de polvo blanco que es la infección por hongos. Para ella, viajar al espacio supuso una serie de cambios que alteraron su código genético y, por lo tanto su respuesta a las infecciones. Para el estudio, publicado hace unos días en la revista PLOS ONE, los científicos analizaron el genoma completo de las moscas del espacio experimentaron la aparición de proteínas de choque térmico (expresiones del genoma que se producen en condiciones de estrés) y que esto modificó unas proteínas conocidas como receptores de tipo Toll, importantes en el sistema de defensa contra el hongo. Pero, los investigadores no se quedaron aquí.

 

No solo compararon la reacción a bacterias y hongos de las moscas que habían viajado al espacio y las que permanecieron en Tierra. A un tercer grupo de moscas las sometieron a condiciones de hipergravedad, criándolas en pequeñas centrifugadoras que recuerdan a las que utilizan los astronautas en sus pruebas. Lo curioso del asunto es que estas moscas sometidas a mayor gravedad obtuvieron una mejor respuesta defensiva a la infección de hongos que las moscas espaciales, e incluso que las moscas normales. El mayor hallazgo, resumen, es haber encontrado que "la hipergravedad y el vuelo espacial tienen efectos opuestos" y sugieren que un tratamiento con gravedad puede reducir los efectos de la exposición a las condiciones del espacio.  Su intención ahora es enviar más moscas y seguir con más experimentos en la Estación Espacial Internacional, donde pueden estar durante más tiempo. Pero tendrán que esperar, porque la estación está ahora “ocupada” por hormigas.


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