Una perfumería francesa está embotellando el olor de personas fallecidas

“Nada revive el pasado como un olor asociado con él”, decía Nabokov. De esto se han realizado varios estudios científicos, pero lo más probable es que todos lo hayamos experimentado de primera mano. Que un olor nos haya agarrado desprevenidos y transportado de inmediato a otra época, a alguna persona querida, y nos haya recordado que la extrañamos. 


El olor de alguien querido acaba siendo una suerte de espíritu que trae consigo la esencia de esa persona. Ejemplo de esto es un reciente experimento de perfumería.


La francesa Katia Apalategui, una vendedora de seguros, sufrió hace 7 años la muerte de su padre y para lidiar con la separación decidió capturar su aroma en un perfume. Para lograrlo se asoció con investigadores de la Universidad de Havre, quienes ya han estado trabajando en la destilación del aroma humano.


Aún no han dicho cómo es que funciona esta técnica de destilación, pero uno de los investigadores apuntó que lo único que se requiere es una prenda de la persona de dónde extraer algunas moléculas distintivas que conforman su olor característico. Según la perfumera, el proceso toma solo 4 días.


Ahora, el nada lento hijo de Apalategui decidió que, con la ayuda de un químico, abrirá un negocio en septiembre de este año para vender “aromas reconfortantes”. “Estamos yendo a las casas funerarias para ofrecer el olor del difunto a las familias”, comentó Apalategui.


“Estará hecho a la medida y se venderá por alrededor de 560 euros”, añadió.


Pero además de vender olores de personas fallecidas, Apalategui y su hijo quieren vender “olores de personas amadas” para San Valentín, o incluso para niños que estén temporalmente lejos de sus padres. Al parecer a las personas le gusta sobremanera eso de los fantasmas, y esto seguro será una empresa millonaria.

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