Misterios de la Historia: ¿Por qué los egipcios dejaron de construir pirámides? (vealas en 3D 360ª)

Con la III Dinastía aprendieran a hacer pirámides, con la IV alcanzaron la excelencia en Giza y Dasur y con la V parecieron olvidar cómo se construían con las perfectas características de sus predecesores. No obstante, hasta el Imperio Nuevo se siguieron levantando algunas, aunque sus materiales eran peores y no han podido pervivir hasta la actualidad



A partir del inicio del Imperio Nuevo, en el año 1550 a. C, se considera tradicionalmente que los egipcios dejaron de construir sus estructuras más características, las pirámides, sin que quedaran nunca del todo claro las razones de este cambio en las preferencias arquitectónicas. Las pirámides, no en vano, fueron sustituidas por tumbas excavadas en las montañas, las cuales eran mucho más eficaces a la hora de evitar los saqueos. Puede, incluso, que no dejaran de construir pirámides hasta avanzado el Imperio Nuevo, solo que lo hacían de peor calidad y nunca alcanzaron las dimensiones de otros tiempos. Así, entre las muchas teorías barajadas para resolver este clásico misterio de la Historia, está la posibilidad de que los cambios de materiales y de las técnicas de construcción provocaran que las estructuras fueran más inestables y no hayan sobrevivido hasta nuestros días.


La pirámide nació como la evolución lógica de la mastaba, la sepultura usada por los soberanos del período arcaico de Egipto. Aunque no se sabe la razón por la que fueron desplazadas por las pirámides, posiblemente la aspiración de alcanzar mayor altura, ambas construcciones compartían la misión funeraria de «contener la esencia del rey por toda la eternidad». Fue a principios de la Dinastía III (sobre el año 2700 a. C.) cuando las mastabas se empezaron a transformar en pirámides, que, inicialmente, eran escalonadas, muy parecidas a las que podemos encontrar en las antiguas civilizaciones de América. Estas primeras pirámides, como la Pirámide escalonada de Dyeser, en Saqqara, eran construidas en forma de diversas gradas, como si se tratase de una escalera hacia el cielo.


El enigma de cómo se contruyeron

El otro gran misterio en torno a las pirámides es, ¿cómo fue capaz está civilización de levantar estructuras de tales dimensiones conformadas por bloques de piedra maciza? Muchas son las hipótesis desarrolladas incluso desde los tiempos de la Antigua Grecia –Herodoto sugirió que usaron poleas– para explicar qué técnicas emplearon los egipcios, pero nunca se ha dado con una respuesta definitiva, puesto que no se han conservado ningún documento cercano al periodo sobre su construcción. La respuesta más aceptada es que emplearon una combinación de «ingenios» de madera para desplazar los bloques: trineos, rodillos y rampas.

En total, se han hallado más de cien pirámides de la época faraónica en Egipto. Construcciones de diversas dimensiones, dedicadas tanto a reyes como a nobles y grandes artesanos, entre las que destaca la Gran pirámide de Guiza por su enorme tamaño. En tiempos del faraón Keops de la IV Dinastía del Antiguo Egipto, la Gran pirámide de Guiza fue levantada en un emplazamiento que ocupan también otras dos de gran tamaño (la de Micerinos y la de Kefrén) y fueron requeridos unos 2.300.000 bloques de piedra. Es por esta razón, que incluso hoy se suceden las teorías para encontrar una respuesta a cuál fue el método aplicado para poner en marcha una operación de ese tamaño. En 2007, el arquitecto francés Jean-Pierre Houdin planteó la posibilidad de que las piedras de la Gran Pirámide fueran transportadas a través de una rampa exterior hasta una altura de 45 metros. Desde ahí los bloques habrían sido subidos por otra rampa en espiral, montada en el interior de la propia pirámide.


Después de las proezas de la IV Dinastía, las siguientes generaciones no llegarían a alcanzar una perfección tan elevada en la construcción de pirámides, siendo el ejemplo de la poca consistente Pirámide de Abusir una prueba de retroceso técnico. De hecho, en los siguientes siglos el diseño y la elaboración también irían a peor. Y si bien se ha aceptado tradicionalmente que a partir del siglo XVI antes de Cristo se empezó a abandonar su uso, lo cierto es que existen referencias a estas estructuras en periodos posteriores. Sin ir más lejos, los reyes nubios (Dinastía XXV) se hicieron enterrar en lo que eran pequeñas y desdibujadas pirámides. No obstante, y aquí puede estar el quid de la cuestión, desde el Imperio Medio se empezaron a hacer con materiales más perecederos, madera, ladrillo y adobe en su interior, con lo que muy pocas han llegado hasta nuestros días igual que las anteriores.


Peores materiales, pero no peores técnicas

En relación a la incapacidad de estas pirámides más «modernas» de pervivir al paso de los siglos, el ingeniero Peter James llegó a una curiosa conclusión analizando el revestimiento de la Pirámide Acodada, una de las construcciones más ambiciosas de la Antigüedad y que se conserva intacta en su estructura a pesar de tener el aspecto externo de haber sido deformada por la mano de un gigante. «En la medida en que los egipcios desarrollaron técnicas de construcción más precisas, eliminando los huecos entre las piedras, las estructuras eran menos capaces de absorber los flujos y reflujos de piedra caliza que tienen lugar en Egipto», defiende el ingeniero en un estudio publicado en 2013 por la revista «Structure» como teoría más probable para justificar el deterioro estructural que sufrieron las pirámides precisamente cuando las técnicas se perfeccionaron. Las lisas fachadas de las pirámides «modernas» se rompían, a causa de la contracción y dilatación provocada por los bruscos cambios de temperatura en la zona, y filtraban las arenas del desierto que fueron quebrando desde dentro las edificaciones.

La poca estabilidad de las nuevas pirámides y su incapacidad de proteger los tesoros frente a los saqueadores, hizo que a partir de la Dinastía XVIII empezaran a usarse de forma generalizada los hipogeos, grandes edificaciones subterráneas, para enterrar a los faraones. Durante el Imperio Nuevo –el periodo de máximo esplendor de la civilización faraónica– se construyeron importantes tumbas reales en forma de suntuosas mansiones subterráneas en el enclave hoy denominado Valle de los Reyes, que se encontraba junto a la capital de la época, en la zona actual de Luxor.


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