¿Qué fue del agujero de la capa de ozono?

El ozono no es precisamente un gas respetuoso con el medio ambiente, puesto que no solo es producido a partir de los humos liberados en los tubos de escape y en las chimeneas, sino que además es tóxico a nivel de superficie a partir de ciertas concentraciones. 


Pero en la estratosfera, una capa situada entre los 10 y 50 kilómetros de altura, los rayos solares lo crean y lo destruyen de forma natural. Precisamente en este proceso resulta que el ozono protege la superficie terrestre de los rayos ultravioleta, una radiación que tiene la capacidad de atacar el ADN de los seres vivos y producirles graves daños.

A partir de 1979 los científicos comenzaron a alarmarse cuando descubrieron que, entre agosto y octubre, la capa de ozono adelgazaba mucho más de lo habitual a la altura de la Antártida. Preocupados porque este efecto se extendiera y supusiera el adelgazamiento del escudo protector en otras zonas, las investigaciones se sucedieron y relacionaron el agujero de la capa de ozono con la liberación a la atmósfera de CFCs (compuestos clorofluorocarbonados, sobre todo usados en líquidos refrigerantes) y otros productos. Por ello, en 1987 Naciones Unidas sacó adelante el Protocolo de Montreal, con el que los países firmantes se comprometían a acabar las emisiones de compuestos destructores de la capa de ozono. Pues bien, desde este martes, y según un estudio publicado en «Nature Communications», hay motivos sobrados para afirmar que en esta ocasión la comunidad internacional actuó a tiempo, y que la capa de ozono está a salvo, aunque de vez en cuando se registren declives temporales.


«Nuestra investigaciónconfirma la importancia y los beneficios reales del Protocolo de Montreal. Sabíamos que nos salvaría de una gran pérdida de ozono en el futuro, pero hoy día ya hemos pasado el punto a partir del cual las cosas solo irían a peor», ha explicado Martyn Chipperfield, el director de la investigación y científico en la Universidad de Leeds.


De hecho, el estudio concluye que, si no hubiera sido por el Protocolo de Montreal, el agujero de la capa de ozono habría sido un 40% mayor en el año 2013. Además, en las otras zonas de la Tierra el grosor del escudo habría sido significativamente más delgado.


Antes de echar las campanas al vuelo, los investigadores elaboraron un innovador modelo tridimensional para simular la situación de la atmósfera en el caso de que no se hubiera aplicado el protocolo de Montreal. Una gran parte de su trabajo fue recoger datos meteorológicos muy detallados, sobre todo relacionados con el viento y las temperaturas, puesto que se sabía que tenían un importante impacto sobre la evolución de la capa de ozono. El resultado fue conseguir la simulación más detalladas hasta la fecha.


Quizás una buena noticia en mitad de otras más desalentadoras no sea motivo para brindar. Pero según los investigadores, este avance es importante porque permitirá tener más control sobre las futuras amenazas para la capa de ozono. Mientras la NASA sigue estudiando el grosor de esta capa día a día, quizás haya motivos para pensar que las medidas de protección del medio ambiente pueden tener resultados tangibles.

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