El agujero negro más próximo a la Tierra estalla en una llamarada de viento y energía

Detrás del fondo tranquilo de estrellas y constelaciones, el Universo esconde un drama de explosiones, muertes violentas y procesos de canibalismo. En esa obra cobran protagonismo los agujeros negros, unos astros invisibles al ojo humano pero capaces de engullir cantidades inimaginables de materia. Después de hacerlo, expulsan los restos en forma de furiosos chorros o de potentes vientos calentados a millones de grados centígrados.

 

Y lo cierto es que apenas podemos ver la punta del iceberg. Normalmente, solo llegan hasta nosotros las huellas de las fuentes más potentes de energía, las supernovas y los agujeros negros supermasivos, aquellos que devoran materia en el corazón de algunas galaxias. Pero hay un tipo de agujero negro que es mucho más común y más próximo: se trata de los pequeños agujeros negros estelares, unas «criaturas» que nacen cuando uno de los miembros de las estrellas binarias (formadas por dos compañeras) colapsa sobre sí misma, generando una acumulación tal de materia que resulta imposible para los átomos detener la presión gravitacional. Es entonces cuando la singularidad desata su «hambre», y comienza a engullir todo lo que está a su alrededor, incluyendo a su estrella vecina, en un proceso que se conoce como acreción.

 

Los científicos consideran que puede haber cientos o miles de millones de estos «pequeños» agujeros negros solo en nuestra galaxia. Pero hasta ahora, solo se han detectado 50 de ellos. Este lunes, un estudio presentado en la revista «Nature» y dirigido por científicos españoles del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) ha conseguido, por primera vez, detectar el intenso viento proveniente de uno de esos agujeros negros: V404 Cygni. El hallazgo se produjo cuando el astro «estalló» en una llamarada de viento y energía, el pasado 15 de junio.

 

«Desde hace más de diez años sabemos que los agujeros negros acretan material y luego lo eyectan, en forma de jet o de chorros de vientos calientes», ha explicado Teo Muñoz-Darias, astrofísico en el IAC y primer autor del estudio. «Pero en esta ocasión, hemos descubierto un nuevo ingrediente en el proceso de acreción: un viento frío y neutro».

 

Mientras que las observaciones anteriores habían registrado vientos de materia a temperaturas cercanas a los diez millones de grados centígrados, en este caso, los científicos observaron un viento cercano «solo» a los 10.000 grados.

 

«V404 Cygni ha estado 25 años durmiendo en fase de quietud. A lo largo de este tiempo la materia que hay en el disco en torno al agujero negro va cayendo al interior, pero no hay gran actividad», ha explicado Muñoz-Darias. Pero a partir de cierto momento, algo cambia y sacude por completo al astro: «En junio se produjo una erupción que duró dos semanas. Se liberaron vientos de un uno por ciento de la velocidad de la luz (3.000 kilómetros/segundo) y el brillo de V404 Cygni aumentó en un millón de veces».

 

Un nuevo faro en el firmamento

 

Aunque no se pudo apreciar desde la Tierra, de la noche a la mañana el agujero negro más próximo a la Tierra, a solo 8.000 años luz, se convirtió en el objeto más luminoso en la banda de los Rayos X, una franja de la luz que permite encontrar a los objetos del Universo más masivos y violentos. V404 estaba experimentando un fenómeno de «abrillantamiento», y se había convertido en una especie de faro para los astrofísicos.

 

Fue entonces cuando se activó el programa del «objetivo de oportunidad» del IAC. Los técnicos dirigieron la mirada del mayor telescopio óptico del mundo, el Gran Telescopio Canarias (GRANTECAN), hacia la potente fuente de energía. Con un espejo primario de 10, 4 metros de diámetro, el GRANTECAN (levantado en en observatorio de Roque de los Muchachos, en La Palma) fue capaz de captar la luz visible proveniente de la fuente, y más en concreto, de las zonas del disco de V404, en los alrededores del agujero negro. Gracias a estas y otras mediciones, se pudo averiguar la velocidad y la composición del furioso viento del agujero negro.

«Esta información nos permitirá entender un poco mejor el proceso de acreción, tan fundamental en muchas áreas de la astrofísica», ha sugerido Teo Muñoz-Darias. Saber a qué ritmo se acreta el material por el agujero negro, cómo lo hace, cuánto se libera después y cómo es lo que se expulsa, es en gran medida saber también cómo funciona un agujero negro. Por ello Muñoz-Darias y otros muchos seguirán trabajando para entenderlo.

 

La erupción de V404 se produjo hace unos 8.000 años en la constelación de Cygnus. En la Tierra el fenómeno acabó el día 27 de junio, en plena visita del Rey Felipe VI a las instalaciones. Dentro de unos 800.000 años, los restos disueltos del viento del agujero negro llegarán a la atmósfera de la Tierra, y se disolverán en una cascada de reacciones. ¿Se sabrá por entonces qué secretos esconden los agujeros negros?

 

Fuente: Abc


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